No, no se ha hecho cicatriz, no pero tampoco está abierta, no está abierta porque simplemente no podría, la herida se describe a sí misma como batida, dice que se siente como una bolita de cristal navideña en las manos de un niño de ojos verdes, insípido y estúpido o en el hocico húmedo y hediondo de algún otro animal más bien indicado. Sin ser navidad, sin siquiera ser diciembre, sin estar en la casa de los abuelos de los abuelos, reunidos todos y a la vez regados colmando cada una de las habitaciones, de forma que si la casa se sostuviera sobre una canica, permaneciera balanceada, cada uno en su que hacer con su que hacer haciendo lo que dios quiera en la azotea del castillo de piedra, en una de sus torres a un lado del tinaco y después de saltar 2 o 3 tubos de cobre decide que a las piedras no les incomoda ser aplastadas y sofocadas por sus desnudas y frías nalgas, y hace de la incongruencia y el astio una fiesta de absoluta verdad.
En un pequeñísimo espacio de dormir por el cual se podia entrar al jardín, siempre sintió que entrar a ese cuarto era salirse del jardín, porque entrar al jardín era salirse de la terraza, donde a su vez entrar era vaciarse de cabeza y a sabiendas donde el agua cálida baja y se convierte en casa del huésped de esa casa en la que tanto nos gustaba estar.
2 comentarios:
Publicar un comentario